Ad-orándote

A veces quisiera saber la forma de cómo atraparte en mis brazos, igual que –como dices– te atrapan mis oraciones. Pero creo que no se ha inventado aún la manera de palpar, ya no digamos tomar de lleno, a un imposible.
¿Sabes? Estoy resignado, aunque eso no significa que te mataré por completo; al contrario, voy a volverte perpetua, eterna, te glorificaré. Sí, serás incorpórea, pero vivirás en mis textos... y lo más importante, en mi cabeza: te haré el amor en cada uno de mis poemas, te cogeré en cada uno de mis cuentos, las veces que yo quiera, a mi manera. 
Te haré una religión y yo seré tu único devoto. Te rezaré a diario:

Quiero tenerte, tomarte de la cintura, clavarte en mí.
Empapar tu cuerpo con mis secreciones.
Quiero que sudemos, que nos deseemos.
Quiero enseñarte a morir por un momento.
Tus ojos me encantaron.
Tu sonrisa me embrujó.
Ángel demoniaco, sálvame.
Tú, misteriosa mujer.
Tú, hermética virgen inalcanzable.
Niña encantadora.
Líbrame de este mal, 
porque ya tengo miedo de perderte 
(aunque sé que todavía no me perteneces).

Amén.


Comentarios

Entradas populares