A.

Te imagino y enloquezco. Pienso en tantas escenas... Realizas una danza exótica que provoca, que enloquece, que derrite, que inspira. Me deleitas con el baile, te deslizas hacia mí, me acechas, sostienes una XX Lager en tu mano derecha. Te miro intrigado y acepto tu baile. Llevas puesto unos leggins negros, destaca tu tanga de encaje; en la parte de arriba traes puesta una blusa de tirantes, no llevas sostén, se transparentan tus pezones y tus aureolas mordizqueables. Continúas tu danza, permanezco sentado en el sofacama, desnudo, sólo traigo puestos unos bóxer negros ajustados que dejan ver mi naciente erección. Nuestras miradas se cruzan, murmuran, el deseo eriza tu piel. La habitación huele a sexo, a prohibición, a nosotros. Te acercas, te volteas e inclinas un poco, te arrojas sobre mí y me embarras las nalgas en la turgencia del bóxer, incitándome, como antojándomelas más. Simulas un sentón, sonríes perversamente y te alejas. Tomas de la cerveza, le das un trago y el resto lo dejas caer sobre tus senos. Te acaricias.
«Te deseo, te he deseado mucho, últimamente», alcanzo a decirte, permanezco en el sofacama, amarrado y ansioso de poseerte. Nuestros cuerpos lucen empapados, sin saber que en la habitación de al lado alguien se suicidó. Continúas, agitada, la danza inicial, no importa lo que pase, nadie puede interrumpirte. Quiero poseerte y tú jadeas en mi oído: cógeme.
Te venzo y logro desatarme, mi deseo puede más que las cadenas con las que me teníans sometido. Me paro frente a ti, te acaricio el rostro, te beso delicadamente, te entierro la lengua, te domino. Paso las manos por tus senos, los acaricio y aprieto un poco. Comienzo a lamerlos de arriba abajo; y después, circularmente succiono tus pezones. Empiezas a gemir con más sentido, nada nos detiene, el deseo guardado por tiempo atrás propicia la escena. Abro tus piernas, lamo tus atléticos muslos, húmedos y vírgenes. Voy agachándome, besando cada poro de tu cuerpo, tu ombligo, tu cintura, tu delgadez. Te volteo, tu tanga está enterrada en tu riquísimo culo blanco. Hago a un lado el hilo dental y logro meter mi lengua a ese lugar mágico que me hipnotizó. Escucho que gimes aceleradamente. Las puertas del infierno se abren, ardientes, mojadas. Te acuesto en la cama, tu clítoris está expuesto, luce tan lindo, inocente y comible. Entierro primero el dedo índice, mientras mi lengua hace movimientos rápidos, después introduzco el medio, ahora ambos dedos se mueven ágilmente dentro de tu febril vagina. Tú, me guías.
Te observo y te delata la mirada perdida, tus gemidos se vuelven más ricos: «no pares, estoy muy caliente, no pares». Escurres, estás muy mojada, ese líquido blanco que sale de ti lo recojo con mi boca, lo colecciono, sabe a ti. Cuidadoso, te estudio, te contemplo, nunca imaginé tenerte entre mis brazos, poseerte, cogerte. Me pides más, más, más, deseas un orgasmo, deseas que te penetre una y otra vez, hasta saciarte de mí. Te desnudo completamente. Me quito el bóxer y ves el significado de mi apellido salir de éste: una serpiente rígida y venenosa, queriendo morderte y cogerte hasta que el sol se oculte. Pongo tus tobillos en mis hombros y entierro mi verga en mi inspiración: TÚ. Me muevo como un demente encima de ti. Me pides más y yo no hago más que obedecerte.
Te volteo y te pongo en cuatro, aquello es maravilloso: descubro el culo más rico del mundo; lo contemplo, antes de penetrarte lo beso y palmeo tus nalgas. No paramos, tus gritos me motivan y excitan más. Estamos reinventando el sexo, tu mágico cuerpo y mi deseo son los ingredientes que lo crean. Nuestros cuerpos ardientes desencadenan el erotismo, manos y lenguas suben, bajan, se introducen una y otra vez en nuestros orificios, en el culo, en la profundidad de tu húmeda vagina. Pasa el tiempo, me contengo, esperas el derrame de la serpiente erecta. Lames mi rigidez una y otra vez, la acaricias con tu lengua, mientras el semen se derrama por las comisuras de tu boca. Reconoces que también la deseabas, sin saberlo, anhelabas tenerla en tus labios, saborearme. Después aprietas mi verga con tus manos, la estrechas en tus senos. Tu boca, toco tu boca...
Te beso otra vez, eternamente. Voy por dos cervezas más, bebemos, nos recostamos. Me pongo atrás de ti. Comienzo a juguetear con mi verga, rozándote las nalgas. Otra vez comienza a endurecerse. Eres magia. Te acercas, te acaricio, te doblego. Te acomodas otra vez para volver a meterme en ti. Recito “Morning, Thinking of Empire”, te susurro al oído el poema completo, mientras te masturbo con la mano, jugueteo con tu ano, te penetro. Escuchas una a una las palabras que pronuncio, el deseo contenido por ti pervierte nuestro cuarto. Y después de recitarlo, comienzo a escribir sobre tu cuerpo: "We press our lips to the enameled rim of the cups and know this grease that floats over the coffee will one day stop our hearts". Termino de escribir una estrofa y la borro a besos, lamiendo cada palabra. Escribo otra estrofa y la vuelvo a borrar; así hasta escribir a lado de tu vagina, el final: "Surely we have diminished one another".



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