Y fue así como mi corazón se volvió de piedra

Es probable que cuando este texto salga a la luz, yo ya esté muerto. Lo digo sin temor a equivocarme, porque conocí muy bien, desde un inicio, a la deidad que mandará a matarme, y sé que no tardará más de tres meses en llevar a cabo su plan. Sí, me refiero a Violetta, mi esposa.

Todo empezó aquel día cuando la descubrí cogiendo con uno de sus ex, en nuestra propia casa. ¿Y cómo es que si fue ella la que me engañó, la que comenzó a odiarme –apenas días después de su traición– la que sin temor a nadie ni a nada me advirtió que terminaría con mi vida, sea yo el que esté escribiendo esto a manera de epitafio y no ella? Fue algo natural, tal y como lo dictó mi corazón, aunque ella pensara lo contrario y se riera de todo.

La quise tanto que no pude dar ese paso del amor al odio, como la mayoría de las personas dicen que sucede. La quise desde el principio y hasta el fin. Siempre se lo repetí, aunque ella siempre lo dudó. Todo el tiempo le dije que me había atrapado su mirada mágica, que me había envuelto con su inteligencia, que en ocasiones se convertía en arrogancia. Le escribí cartas y cartas donde le decía lo mucho que la admiraba y deseaba. En realidad creo que todo mundo lo hacía. Violetta es de esas mujeres que causa repulsión en las mujeres; y deseo, en los hombres; pero paradójicamente no fue su físico el que terminó por enloquecerme, si no esa forma tan suya de ver la vida: real, fría y distante.

Fui muy intenso con mis no-acciones y palabras. De repente dejé de idolatrar sus labios suaves, su delgadez. Dejé de idealizarla y me di cuenta que lo nuestro había llegado a su fin.

Contraté a un investigador privado con la intención de que se enamorara de ella, tal y como me pasó a mí. Le proporcioné sus horarios, costumbres, gustos. Porque quiero que este mal se propague: que su des-amor lo sufran otros; muchos más, porque vale la pena morir por amor... por su amor. Es por eso que confío en que el investigador, un tipo inteligente pero tan romántico (y ahí su debilidad) como yo, se dé cuenta de lo inalcanzable que es Violetta y entonces, no le quede de otra que sacarse el corazón, lo ofrende y muestre este mismo camino al siguiente enamorado; y así, hasta el infinito.

Sólo así, ella vivirá eternamente bajo la adoración y culto de los Corazones de Piedra, y sólo así nosotros, moriremos tranquilamente bajo su indiferencia...




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