Qué sería la vida si no hubieras nacido. Acto 1. Capítulo 1.
Bastará decir que soy Rubén El Negro Elizondo y que me enamoré de Violetta, la mujer de mi contratante: el escritor recién asesinado, un completo desconocido y paranoico, de nombre Luis Chorawsky. Aunque ni yo, siendo detective desde hace 10 años, supe cómo sucedió todo, trataré de explicarlo. Todo comenzó cuando el escritor me contrató para que siguiera a su mujer, noche y día, ya que sospechaba que ésta quería acabar con él, supuestamente por las infidelidades que el cuentista le había hecho a lo largo de su corto matrimonio. Quiere vengarse –fue lo primero que me contó– estoy seguro que diario se levanta pensando en cómo acabar conmigo. Me compartió horarios, costumbres, gustos, caprichos y mañas de Violetta, según él para facilitarme el trabajo, aunque ahora que lo pienso, fue eso lo que terminó rompiéndome la madre, y es que hasta el hombre más fuerte se vuelve débil ante una mujer.
De repente se siente un bochorno húmedo, raro en la Ciudad de México, lo agarro de pretexto y me destapo mi segunda XX Lager, busco a Pink Floyd en YouTube y pongo: "Wish you were here", mientras recuerdo el último de sus besos. Después de que Chorawsky me revelara todos los detalles sobre su mujer, comencé a seguirla, incluso estando él presente. Varias veces nos topamos de frente y fingimos no conocernos, casi de la misma manera en que los futbolistas fingen penales. La primera vez que vi a Violetta me sorprendió cómo una mujer tan perfecta estuviera casada con un tipo sin gracia ni fama ni fortuna como el escritor. ¿En qué se había fijado de aquel hombre miope, arrugado y calvo? Alguna vez ella misma me dijo que no sabía lo que el escritor le había dado, pero a pocos meses de conocerlo, comenzó a sentir atracción por él, incluso le parecía que en algunos días hasta se veía guapo, detalle del cual estaba yo en desacuerdo: el tipo, insisto, todo el tiempo tenía un semblante de amargura, dolor y odio plasmado debajo de sus lentes de pasta. Ni siquiera sus escritos sobresalían, porque a pesar de mi nulo conocimiento literario, puedo reconocer cuando un poema es malo, ya que el texto no me provoca nada.
Sigo bebiendo mis cervezas y ahora recuerdo los labios suaves de Violetta. Fue en el coctel de clausura de una convención de tecnología y drones, cuando me besó por primera vez. Desde ahí me utilizó y manejó como un propio robot, y yo, cegado por su inquietante belleza, no me percaté de sus intenciones: burlarse y humillarme, como seguro lo ha hecho con todos los inútiles que nos hemos quedado embobados no sólo con su físico, si no con despiadada forma de ser. Pero es precisamente esto lo que terminó por embaucarme, y es que el misterio y la pedantería juntos se vuelven demasiado atractivos; al menos para mí, ya que esto siempre me ha incitado a descubrir el origen y el por qué de tanta perversidad, el por qué de ese disfrute al maniobrar con los demás, como si fuéramos marionetas. Fue así como comencé a volverme, poco a poco, parte de su vida, y en un abrir y cerrar de ojos, mi corazón ya le pertenecía, como si hubiese sido una ofrenda, a la mujer de la mirada mágica y sonrisa hipnótica...

%2020.47.39.png)

Comentarios