Sister death




Es la primera vez que siento tener comunicación con alguien. Nunca imaginé que conseguiría por un instante olvidarme de la soledad que me tenía envuelta desde hace más de dos años. ELLA ha hecho sentirme mejor, ahora que la siento cubriéndome el cuerpo, ahora que la tengo dentro de mí, en mi sangre, por mis venas y que incluso me permite sentir lentamente cómo voy despidiéndome de este mundo cruento. Me halaga el hecho de que ELLA sepa que no quiero irme tan rápido, me siento complacida de que sepa que quiero darme cuenta de mi traspaso y mi camino al infierno. ¿Por qué a dónde más voy a ir después de todo los actos tétricos que he cometido? Me siento al menos por un instante querida. Definitivamente no hay nadie como ELLA.
Tal vez las cosas pudieran mejorar lo sé, pero me entró una tristeza inexplicable: me siento cansada, casi invalida, me cuesta trabajo seguir escuchando; mis ideas se han detenido, mis sentidos están cansados, perezosos. Veo mis manos inconformes y mi piel está muy transparente e incluso me cuesta trabajo respirar, mis uñas...¡No puede ser! ¡No tengo uñas! Se me han caído.
Sus diminutos pies perdían calor, se le comenzaban a enfriar. Sus manos le colgaban, estaban inmóviles. La cara se le pintaba aun más blanca, ésta contrastaba con su largo cabello negro que siempre la diferenció del resto de las mujeres con las que Gabriel se había enredado. De su piel desaparecía ese enardecimiento ordinario en ella. El alma se le desprendía, su piel se desquebrajaba, moría.


"Pensé en ti, tienes que creerme, de verdad pensé en ti. Esto es simplemente el resultado final del encuentro de nuestras asquerosas vidas. Verónica Gilman."


-¿Tú? ¿En verdad fuiste tú la que escribió estas tres míseras líneas? -Se preguntaba Gabriel. Su rostro estaba cubierto de una incertidumbre rara, inusual. Incrédulo doblaba el pequeño papel en dos y lo guardaba en uno de sus bolsillos de su pantalón, después de un momento a otro volvía a releerlo y pensaba: ¿Tú? ¿En verdad fuiste tú la que escribió estas tres míseras líneas? Estaba decaído, en su mirada se percibía el arrepentimiento. Cada una de sus lagrimas hacía un largo recorrido, desde recién desprendidas de los ojos hasta las partes inferiores de sus mejillas. El recorrido de las lágrimas era lento, como si la aspereza de la cara de Gabriel impidiera un rápido deslizamiento. Entre lagrima y lagrima Gabriel daba profundos suspiros. Mientras volvía a leer las palabras escritas por Verónica encendía un cigarrillo, y no había terminado todavía con uno, cuando ya estaba encendiendo otro. En ese momento de largo cavilar supo que desde un principio jamás debía haberla besado y que jamás debió de acercarse tanto a ella. En cualquier momento ese secreto hermético que según ellos tenían, saldría a luz y terminaría por someterlos. Pero cómo sabría Gabriel que esto tendría su fin de esta manera, si la primera vez que la tuvo frente a frente no pudo detenerse y se lanzó como un animal hacia el cuerpo de aquella mujer impenetrable, prohibida. No, no pudo. Cuando la tuvo ahí, frente a él, la beso, la mordió, la tuvo durante toda esa noche. A lo lejos se escuchaba una cancioncita que irónicamente denotaba y reflejaba el mensaje de un destino inevitable:



Si vos te vas, mi amor si vos te vas
nada más podremos decirnos mi amor:
la vida se nos va como la tarde,
y nos quedamos apagados, muy apagados.
Tuvimos tanto, mi amor tuvimos tanto,
sin embargo ahora lo soñado se va
pocas muy pocas palabras quedaron,
que casi no tenemos nada, para contarnos.
Si vos te vas mi amor si vos te vas
quiero que, te acuerdes me recuerdes,
yo por mi parte no te olvidaré,
a lo mejor volvemos a encontrarnos
Si vos te vas, mi amor si vos te vas...


Ahora ya nada podía solucionarse, el pequeño papel lo decía todo, ese papel que ya estaba desgastado de tantos dobleces significaba una espera -¿a qué? -se preguntaba Gabriel. Una espera a la muerte, a su muerte, sólo así podía volver a estar al lado de ella.
-¿Estás ahí?-dijo Gabriel dirigiéndose hacia su recamara, el espacio preferido de su media hermana. Al entrar no puedo soportar mucho tiempo, cayó desmayado.
En la madrugada Gabriel despertó por el sonido estremecedor de los truenos que acompañaban en aquellas horas al inhumano ser que estaba posado enfrente de su cama, sólo la sostenía la cuerda que llevaba atada al cuello. Quiso gritar, levantarse y desaparecer en ese momento. Un febril calor invadió su cuerpo, en su delirante alucinación se percató de la presencia de alacranes que rondaban alrededor de sus genitales. Impaciente e inmóvil su desesperación se elevaba. Lo más arduo era el gran cansancio que sentía en su débil cuerpo. Ese extraño ser antropomorfo que ahora recordaba con exactitud se podía asimilar perfectamente al cuerpo de una mujer. Al de ELLA.
-¿Verónica?, ¡respóndeme! ¡No!, ¿por qué, por qué lo hiciste? -Gabriel sollozaba sorprendido por tener ahora en sus brazos a su perpetuo amor...A su media hermana.

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