Orquídeas para mi madre



Mamá, como siempre nada más de pasadita y por lo que veo, en este pinche pueblo, todo sigue igual. Mi papá sigue sin reconocerme, ni creo que lo haga, si toda la gente sabe que es el Padre Alonso, jamás lo hará. Mis hermanos aún no saben que tú nos mantenías de lo que sacabas de ganancias en “El Mesón”. Creen que trabajabas por las noches en una maquiladora. Ese secreto aún lo seguiré guardando. Lo que más me sorprende es el hecho de cómo nadie se ha enterado que la monja que les daba el catecismo a los niños de la colonia, eras tú. No me lo tomes a mal, pero qué mujer: puta, monja y madre. Ahora que lo recuerdo, hasta yo tomé el catecismo contigo. Qué ironía. Todo este tiempo le hemos sacado provecho a la Iglesia. Por un lado, las limosnas; por otro, las cooperaciones que se exigen por la preparación de los niños para su primera comunión. Precisamente recuerdo que me ponía rabioso y me moría de celos, cuando les hablabas con tanto cariño al resto de los niños, tal y como lo hacías con nosotros cuando estábamos en casa: a ver niños, mis angelitos, vengan, todos aquí a mi alrededor. Sentaditos por favor, oye, Luis... tú también hijo, vente pa'cá.
Algo que también es increíble, es cómo te pudiste enredar con un tipo como Alonso. Aunque ya que lo pienso mejor... ¿Sólo interés, verdad? Pero me llena de rabia saber que, por ser el hijo mayor, me daba cuenta de las noches que pasabas con él. Estando al lado de su cuarto, sin poder dormir por el insomnio que padecí desde niño, escuchaba tus suspiros, tus gemidos, tu acelerada respiración... Cuando cumplí seis años no me sorprendió que me hayas dicho: hijo, tendrás una hermanita, una niña en la familia, ¿no te pone contento. Qué diría la gente de esta pendejada. Qué pensaban de ti, de nosotros, de Alonso. ¿Por qué nadie dijo nada?, ¿por qué? Es desagradable que sólo contra mí, venían las pinches burlas. A la mayoría de mis compañeros de la primaria terminé rompiéndoles la madre: a Mateo, a Juan, a Pedro... Todos me insultaban diciéndome que tú eras la mujer que por las noches se acostaba con sus papás: hijosdeputa– les contestaba hirviendo de coraje– mi mamá sí los puede complacer y no es como las pendejas de sus mamás.
Ya me tengo que ir, el cielo ya se puso gris, tal y como te gustaba. Creo que va a comenzar a llover. Algo de provecho le sacaré al agüita, así sirve que le da una roseada a las flores que te traje... elegí las que te gustan mucho mamá, unas orquídeas violetas, tus orquídeas preferidas. Creo que ya llegó Berenice por mí. ¿Sabes? Ya no me casé con Adriana, no, ya no lo hice. Mi esposa se llama Berenice, es muy buena persona y dice que me quiere mucho, a cada rato me lo repite. Sé que no estás en el cielo, pero donde estés, ojalá y la puedas estar observando para que veas que es muy buena cocinera. ¿Sabes? A ella no se le hace bolas el arroz. Mamá, no te enojes si es que no vengo hasta el otro año a visitarte. Le encargaré al panteonero que te dé tus arreglitos y un buen cuidado a la tumbita. Te quiero.
–Berenice, ¿nos vamos?
–¡Sí! Mi amor, ¿hace cuánto que la asesinaron?
–No lo sé, tres, creo cuatro años, algo así. Lo bueno es que el homicida se digna a venir cada año para darle un retoque apropiado a la sepultura… o al menos eso se ve, ¿no?




Comentarios

セルヒオ dijo…
tan chidos los relatos,cuentos, historias, poemas, o lo que sean... :P ...de verdad, están chidos; a ver si no me causan pesadillas...:P

Entradas populares