Inicio de semana
Me subo al camión y parece un día normal: va hasta la madre. Una viejecita, con sus dedos torpes, le escribe a un tal Talo, desde Whatsapp: «Hoy será el mejor día de nuestras vidas». Dos chicas con uniforme del Conalep se cuestionan sobre a cuál examen deben aplicar: si al del Poli o al de la UNAM, todo esto mientras se embarran maquillaje por toda la cara e intensifican sus cejas a lo Gordolfo Gelatino. Un señor de unos 45 años anota y tacha, y vuelve a anotar algo en su libreta; alcanzo a ver que es una lista de deudores: Mateo, Marcos, Lucas, Juan... Una chica pecosa, de nariz finita con lentes y el cabello castaño, lee un libro de Henry Mankell. El resto de los pasajeros –como la mayoría de las veces– va concentrado en su smartphone. Otros, la minoría, contemplan el paisaje grisáceo de la ciudad.
Todo esto mientras avanzo por el pasillo y me recorro hacia la parte de atrás. De fondo musical está La hora de los Beatles, justo comienza a sonar: "Help". Cruzamos Eje 5, después de las maniobras del chofer para esquivar a un camión de la Delegación BJ que le valió madre el semáforo. De la nada surge un tipo con una pistola, grita: Dios no existe y yo soy la prueba de ello. Comienza a disparar.

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