Psicópatas en algunos relatos de Rubem Fonseca: reflejo innegable de la sociedad latinoamericana.

Apenas me vino a la cabeza cuestionarme sobre cuántos de mis amigos —o personas cercanas que conozco— pudieran ser unos psicópatas. Entendiendo el término con la definición de ser una persona con trastorno de la personalidad, el cual está vinculado directamente con la conducta criminal; personas capaces de agredir, incluso matar, sin sentir alguna culpa. Sin arrepentirse. Esto porque recién releí algunos cuentos del brasileño Rubem Fonseca, entre ellos “Paseo nocturno”, en el cual su protagonista es un asesino en las noches; y un oficinista, común y corriente, en el día. El personaje es orillado al crimen por varios factores: su propia soledad, la infelicidad de su terrible trabajo, su sedentaria esposa, sus hijos malcriados y la pertenencia de un auto lujoso con el cual sale a atropellar gente —sobre todo mujeres— en las noches, con la finalidad de recobrar su tranquilidad, después de un día complicado en la oficina. Un tipo manipulador, narcisista, mentiroso y sin remordimientos. Entonces me quedé pensando en el vecino del 3 y bien podría encajar en estas mismas características. Aunque a diferencia del personaje de Fonseca no cuenta con un Jaguar negro, con defensas de acero cromado, sino con una camioneta de señora de Polanco.      Otro psicópata reconocido dentro de la obra de Fonseca es el protagonista de “El Cobrador”, un asesino resentido con la sociedad y con el sistema per se, al cual le deben todo: “comida, coños, cobertores, zapatos, casa, coche, reloj, muelas” (Los mejores relatos, p. 206). Cuántos ciudadanos no quisiéramos cobrarnos lo que nos deben: seguridad, vivienda, transporte urbano de calidad, salarios dignos. ¿O algunos preferirían tener una 38 y dispararle a todos los que odian? A los pedófilos, a los carteristas, a los que se pasan los altos, a los vendedores del metro, “¡todos me las tienen que pagar!” (Ibíd. p. 208). Seguramente el Cobrador de Fonseca, hoy en día, se iría contra los influencers bronceados, tipos que ganan dinero por mostrar una vida irreal en ciudades primermundistas, dentro de residencias de mármol a la orilla del mar o en autos tuneados, consumiendo productos del sector popular, como una soda energética; tal vez se iría contra las modelos de OnlyFans, quienes se ganan la vida, fácilmente, sólo por mostrarse desnudas... Se iría contra los no-jodidos.
    Recuerdo el semblante triste y apagado del vecino del 4, un tipo solitario, acompañado sólo de un par de gatos. A veces lo veo salir con un estuche de guitarra, colgado en el hombro; otras, lo veo entrar con un six de cervezas. Nunca he cruzado palabra con él, pero por su rostro decaído me parece que es un enfermo terminal; o al menos, con una enfermedad grave, de esas que necesitas inyectarte algo o tomar un medicamento diariamente. En su mirada se ve la desesperación por encontrar una cura a su mal, así como el protagonista de “Placebo”, un tipo desesperado, ya casi sin esperanzas, que hace hasta lo imposible por conseguir un feto de 3 meses, para curar su enfermedad, cuya medicina es precisamente inyectarse el embrión licuado. ¿Será que el vecino del 4 sería capaz de meterse a una clínica clandestina de abortos, para conseguir su cura? ¿O por lo menos agarrar a patadas a un par de palomas del parque, que están siendo alimentadas por unas viejecitas, sólo para demostrar que por fin es un tipo sano? 
    No sé qué tan depravados —y enfermos mentales— puedan ser o estar mis vecinos, comparados con los personajes del escritor brasileño. En realidad sólo Dios tiene el poder para conocer a fondo a sus creaciones. Aunque en ese mismo plano también está el papel del escritor, el cual cuenta con esa habilidad de saber lo que piensan y hacen sus personajes, porque al fin y al cabo es el escritor-creador. Pero incluso con esa ventaja es imposible para un autor salir de la ficción y adentrarse a la realidad de esta deteriorada humanidad. Es curioso ese dicho popular el cual dicta que muchas veces la realidad termina por superar a la ficción. Entonces, bajo esta premisa es inevitable no encontrar estos personajes dentro de nuestra sociedad, dentro de nuestro propio círculo, ya no sólo entre nuestros conocidos sino en el círculo por el que caminamos a diario. ¿Cómo hacer para descubrir a estos asesinos sin escrúpulos, sin remordimientos, cínicos y descarados? Ya la literatura negra latinoamericana se ha encargado de retratar que vivimos en un sistema fallido, en donde los policías son corruptos o incompetentes. Por lo mismo es la propia víctima quien varias ocasiones, bajo su propia mano, toma venganza y justicia. Es decir, estamos orillados a vengarnos por nuestra propia cuenta, pero entonces entra de tajo la moralidad y hasta la educación de cada individuo, y lo evita. ¿Cómo es que un psicópata tiene la irresponsabilidad para asesinar y no sentirse culpable por el dolor y sufrimiento que infligen en su víctima? Puede ser que todos seamos unos psicópatas en potencia.
    Rousseau señaló que los seres humanos nacen buenos y se vuelven violentos durante su desarrollo; sin embargo hay quien dice que nacemos ya siendo agresivos y que durante la vida uno tiene que aprender a reprimir estas conductas. La línea que une ambas posturas es que en las dos hay violencia, ya sea que ésta se traiga de nacimiento o se aprenda, dependiendo de algunos factores psicológicos y sociales que la detonan. Hay varios estudios que pretenden investigar qué pasa por la mente de un individuo, con mentalidad criminal, con el fin de tener herramientas para prevenirse. Incluso este fenómeno lo hemos visto en series de televisión, como Mindhunter, en la cual dos agentes del FBI tienen reuniones con psicópatas, para hacerles entrevistas y de esa forma descubrir qué fue lo que los orilló a asesinar; esto con la finalidad de prevenir futuros crímenes, bajo un perfil que ellos previamente analizaron. Es curioso que se encuentren con asesinos que igualmente parecen personas comunes y que sólo matan por el placer que les causa. Sin ningún otro fin. Hasta pareciera que esto provoca cierta afinidad por uno de los agentes, como si admirara a ciertos asesinos. Y es que hay ocasiones que al criminal lo retratan de manera artística, como una especie de héroe, enalteciéndolo, presentándolo con bombo y platillo. En el episodio 23 de la temporada 5 de Criminal Minds comienza con una escena muy cinematográfica y llamativa: de fondo suena “I’m your man” de Leonard Cohen, las tomas muy estéticas son desde la camioneta del asesino (Tim Curry), mostrando la ciudad a donde va llegando, a donde cometerá sus crímenes. La presentación, diría Megamente, es lo que diferencia a un villano de un supervillano.

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