El último tatuaje

Me subí al camión y todo mundo me volteó a ver como si fuera a asaltarlos. Sé que mi aspecto de los últimos días no había sido el mejor, pero tampoco era para tanto. Mientras avanzaba por el pasillo los murmullos aumentaban, igual que las miradas de miedo. Sólo percibí que una pareja me vio perversamente, él comentó con su acompañante algo acerca de un sex appeal que me caracterizaba; otros juzgaron mis tatuajes. Hasta que un tipo me enfrentó y me dijo que no podía exhibirme de esa forma. No entendí a lo que se refería hasta que vi mi reflejo en uno de los cristales del camión. 

No llevaba puesto nada que me cubriera el torso. Me vi la espalda, hasta ese instante sentí un ardor muy fuerte, pude notar que tenía un párrafo recién tatuado, las letras incluso todavía sangraban. Le pedí a la chica que estaba a mi lado que por favor me leyera lo que tenía rayado. Todos los pasajeros nos pusieron atención:

“Cuando estoy contigo la razón significa poco o nada. En mis sueños soy esclavo de tu cuerpo, de tus movimientos cuando estás encima de mí; de tu piel, de tu mirada y de esa sonrisa hipnotizante. Sobre todo, esclavo de ese maldito y encantador culo que tienes”. 

Terminó de leer, extrañada. Fue entonces cuando comencé a llorar. El maldito recuerdo de su rostro. No había nada que pudiera sacarme adelante. Sentí un vacío dentro de mí y unas inmensas ganas de morirme. Nada sería igual sin ella. Así se termina la vida.





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