A Rubem Fonseca
Como membro
da Confraria dos Espadas,
eu achaba, e
ainda acho, que a cópula é a única coisa importante para o ser humano.
Colhêr e
viver, não existe nada mais, como os poetas o saben muito bem.
— No puede
morir lo que ya está muerto.
— Yo creo que sí. Una vez conocí a un tipo que
se mató un día después de su cumpleaños, pero desde antes se le notaba La Flaca
en la mirada. Cuentan los que lo vieron el último día —en su fracasada vida—
que todo parecía normal, pero sabes que las apariencias engañan. Sólo unos cuantos, entre
ellos yo, que soy un fijado, previamente pudimos notar ese brillo triste en sus
ojos. Un día antes del acontecimiento, precisamente un domingo, me lo encontré en el deportivo del barrio, jugamos la
semifinal contra el equipo donde él formaba parte; me sorprendió verlo en la
banca. Aunque ahora que lo recuerdo, su semblante desde ahí ya era bastante
extraño, se le notaba desesperado y parecía hundido en sus pensamientos. La gente de
la colonia comentó que el psiquiatra le había diagnosticado una depresión
severa, la cual nunca tomó en serio. Igual hablaban de una enfermedad que
durante los últimos meses hacía que vomitara sangre todas las mañanas; y que por
las noches, le costara trabajo respirar porque la garganta se le cerraba. Murió
solo. Sin amigos alrededor ni familia. A los primeros los distanció por
distintos desplantes, indiferencias y groserías que les hizo; a su esposa e hijo
los perdió por un cúmulo de desilusiones que les hizo padecer. Dicen que el día
que se suicidó, lloró todas las lágrimas que tenía reprimidas desde que su padre
murió de un tumor canceroso.
— ¿Y por qué
se mató justo un día después en que nació?
— Cuentan
que el motivo fue porque sintió que había cumplido un ciclo, que las cosas
habían dado una vuelta: como en su niñez, nuevamente no había festejos, ni pasteles ni regalos. Nunca
una fiesta sorpresa que lo dejara sin aliento. Nunca muestras de cariño. Nunca
un ‹‹Te quiero›› ni un ‹‹Eres alguien importante para mí››. Quizá por todo eso
se aventó al metro, un lunes para joderle la semana a todos. Justo en el
transborde de Mixcoac, en hora pico. Los testigos relatan haber visto a un
cuarentón muy sonriente, bailando en el andén. Después confirmaron, por las
cámaras de seguridad, que llegó a la estación, sacó su celular y en modo
altavoz puso “I’m Still Standing” de Elton John, se puso a danzotear
enloquecidamente, lo cual hizo más sorpresivo que, 30 segundos después, ese
mismo cuerpo parlanchín se arrojara a las vías, junto con un libro de Rubem
Fonseca, titulado: El Cobrador. Por eso te digo que el tipo ya estaba
muerto desde antes. Nada más usaba máscaras para disimular, pero en el fondo,
ya se lo había llevado la chingada, desde hace mucho… Desde que nació.

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