Ellas también merecen su apodo*

Tengo una memoria pésima y no es por aquello de que los caballeros no la tenemos y demás idioteces, simplemente no recuerdo las cosas y ya. Haré un esfuerzo por recordar a mis ex y así poder apodarlas; y eso que no soy como Charlie Sheen, que lleva como 5,000 dadas.

La Quintita
Se trata de mi primer pareja sexual. Esa nunca se olvida, aunque casi siempre no es la mejor experiencia. Según ambos nos ‘desquintábamos’, pero no creo que ella fuera virgen y no lo digo porque no sangrara en nuestra primera vez, si no porque ya tenía un camino bien recorrido. Nunca fue buen sexo, nos teníamos que cuidar de su abuelita que a veces entraba de repente, y muy sigilosa, a la sala donde solíamos coger.

La Gemela
Justo la enganché porque me agarró leyendo un libro y eso de la pose intelectual creo que terminó llamándole la atención. Nunca tuve compromiso alguno con ella y eso me gustó, obviamente. Cogimos cuando la llevé a casa de mis papás disque a ver una película. Sí, el viejo truco de “¿vamos a ver una película a mi casa?” Fue hasta después que supe que tenía una gemela, pero contradictoriamente no se parecía nada, ni siquiera en sus gustos, por lo cual yo nunca le llamé la atención y mi fantasía de estar con dos mujeres-no-parecidas a la vez se fue a la fregada.

La Miss
Me costó trabajo encontrarle un apodo, pero me decidí por éste ya que me enseñó una de las cosas que ha sido como mi filosofía sexual de la vida: una mujer se clavará contigo por dos cosas, o por el dinero o porque te la coges muy bien. Como sabía que eso de tener plata no se me daría tan fácil, opté por aprender a coger bien.

La Antianimal
Simplemente a esta tipa no le gustaba coger de a perrito, decía que eso era de animales. Estaba con ella porque me invitaba a comer y porque el postre era justamente un palito, y aunque fuera de misionero, pues no le cae mal a nadie. Creo que me había cansado de Manuela y de Soledad, y por eso anduve con ella.

La Gnomo
El apodo se lo puso la que ahora es dueña de mis quincenas y de mi corazón. Al recordarla, sólo puedo pensar que es un buen apodo, la describe a la perfección: rara, enana y enigmática. También me la cogía porque me llevaba a la playa, gratis. ¿Se nota que no la quería? Peroporsupuestoqueno.

Lahijadeputa
No hay otra manera de llamarla, aunque mi esposa la llama la bizca y horrenda y tiene razón. Destrozó mi vida. No hay nada más que decir. Ni caso tiene enumerarla aquí. Nomás está porque me la cogí y ya.

La Chichona
Siempre he preferido los buenos culos por encima de las chichis buenas, pero los senos de esta mujer estaban muy ricos; sobre todo sus pezones, eran graaandes y muy negros, igual que sus aureolas, las cuales contrastaban con su piel blanca y combinaban a la perfección con su cabello negro-negro Fue algo casoooal. Sin compromisos, por el puro placer de coger.

La Chaparrita Culona
Fue mi novia durante la infancia-pubertad, pero me la volví a encontrar. En aquella época, apenas y le di unos besos babosos. Es chaparrita y tiene un culo enorme. Ahora que la vi otra vez, al cogérmela, la empiné para darme tremendo atascón. También aproveché para nalguearla hasta dejarles las nalgas rojas. Nos vimos un par de veces, que bastaron para que ella dijera que había sido el mejor de sus amantes. Aunque su criterio es muy subjetivo, ya que está casada con el mismo hombre que la desverginó.
  
La Lugar Común
Sí, me cogí a mi prima. Todo empezó cuando me descubrió que la espiaba mientras se bañaba. Después me encaró y me dijo que no me hiciera pendejo, que ya sabía que la veía a ‘escondidas’, que para qué perdíamos el tiempo, que a ella también le gustaba el vouyerismo pero que prefería el contacto. Así que nos dimos hasta que se fue a estudiar una maestría al extranjero.

La Tía
Para no variar me di a la mamá de esa prima. Es que ambas estás buenísimas. Lástima que no me las cogí durante la misma sesión. Hubiese sido riquísimo. Eso sí, lo más excitante era que mi tío, el panzón-flojo-cuernudo-adinerado, no nos cachara cuando cogíamos en su propia casa.

Las Crudas Morales
Esas de las que me arrepentí al día siguiente, que me eché cuando estuve pedísimo y que ni recuerdo exactamente cómo pasó. Fueron más accidentales que casuales. Fueron como ir a una guerra para enfrentarme a distintas enemigas: gordas, flacas, altas, feas; en terrenos de batalla poco usuales: banquetas, camellones, escaleras, baños.

La Vorch
Ella lo sabe, pero no me lo cree: es la mejor mujer con la que he cogido. La mejor y por eso –y muchas cosas más– me empapé, me enculé y me quedé con ella.


*Entrada inspirada en el texto de Carlos Velázquez que publicó para VICE México, 
el cual habla de los apodos que les puso a sus ex parejas sexuales.

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