Lectura de El hombre nacido en Danzig
Logramos inmiscuirnos en el mundo de Claudia Guillén, gracias a mi esposa Dana. Fue precisamente en el festejo del cumpleaños de Claudia donde tuve la oportunidad de conocer a Guillermo Fadanelli. Recuerdo su camisa azul marino, su característico sombrero y a los lambiscones que inmediatamente lo arribaron y rodearon. Permanecí a un lado, nada más atento a su conversación filosófica y ahora que he leído El hombre nacido en Danzig entiendo por qué su plática iba encaminada a esta temática.
En fin, después de haber conocido a Fadanelli y de que éste piropeara a mi mujer, decidimos comprar un par de libros de él. Antes, sólo me había topado con sus artículos en "Letras Libres" y uno que otro texto en alguna antología. Pero me llamó la atención esta novela porque aparecía un detective; aunque además me encontré con la ciudad de México, sexo, mujeres, filosofía-schopenhaueriana y basquetbol... Todo filosóficamente bien narrado.
Así me metí en la lectura, lo bueno fue que –como el libro está narrado en primera persona– sentí como si el propio Fadanelli me lo platicara, con una copa de vino en la mano, ahí en el jardín de la casa de Guillén: "Una mujer madura no tiene por qué tirarse en la cama apenas traspasa el umbral de una habitación de hotel como lo haría un juvenil saco de papas. Su ansiedad echaría la escena a perder y las paredes se teñirían de un color óseo insoportable", –ay, esas Milf's– le sentencié a Guillermo.
Y así fue como pensé que quiero escribir algo similar, en homenaje a mi propia Elisa Miller, mi mujer, por la cual también estoy enloquecido.
En fin, después de haber conocido a Fadanelli y de que éste piropeara a mi mujer, decidimos comprar un par de libros de él. Antes, sólo me había topado con sus artículos en "Letras Libres" y uno que otro texto en alguna antología. Pero me llamó la atención esta novela porque aparecía un detective; aunque además me encontré con la ciudad de México, sexo, mujeres, filosofía-schopenhaueriana y basquetbol... Todo filosóficamente bien narrado.
Así me metí en la lectura, lo bueno fue que –como el libro está narrado en primera persona– sentí como si el propio Fadanelli me lo platicara, con una copa de vino en la mano, ahí en el jardín de la casa de Guillén: "Una mujer madura no tiene por qué tirarse en la cama apenas traspasa el umbral de una habitación de hotel como lo haría un juvenil saco de papas. Su ansiedad echaría la escena a perder y las paredes se teñirían de un color óseo insoportable", –ay, esas Milf's– le sentencié a Guillermo.
Y así fue como pensé que quiero escribir algo similar, en homenaje a mi propia Elisa Miller, mi mujer, por la cual también estoy enloquecido.

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