Lectura de Amalgama de Rubem Fonseca

Rubem Fonseca cumplirá 90 años el próximo once de mayo, destaco la cifra porque su lucidez al escribir permanece –en este último libro– como si fuera una de sus primeras publicaciones: adictivas e intensas.

El estilo crudo y violento de los relatos que conforman "Amalgama", si bien no rebasa a los de "El cobrador", sigue noqueando al lector con los finales que Fonseca nos tiene acostumbrados, en donde con el último párrafo nos saca una sonrisa nerviosa/perversa o nos shockea: 

"Caminó lentamente por la calle hasta que encontró el primer bote de basura grande. Entonces tiró al bebé en el basurero [...] Estaba deforme. Sólo tenía un brazo. No iba a amamantarlo y nadie iba a querer comprar esa cosa".

Continúa manejando temáticas como su aversión a los enanos, su adicción al sexo (a las tías, no importa que estén feas o gordas, pero que cojan), su peculiar misoginia, sus asesinos solitarios, sus niños nonatos, niños sin extremidades, enfermos.

Me sorprendió que haya incluido algunos poemas; en otros libros ha utilizado el recurso de prosa poética, pero nunca, que recuerde, un poema en forma.

En total son 34 textos que uno lee con voracidad, con la misma que llega a despertar tanto nuestra lujuria como nuestra (com)-pasión.


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