México vs Alemania...para la historia

Ayer, 7 de julio, fui testigo de uno de los partidos de futbol más importantes que ha tenido un seleccionado nacional, el cual puede ser catalogado y adjetivado de mil formas diferentes, pero lo que sí es seguro es que pasará a la historia y sólo quedará en la memoria de aquellos verdaderos aficionados que saben apreciar las hazañas, batallas y sueños "del deporte más bonito del mundo". 

El lugar. Torreón, Coahuila, sí esa tierra de gente trabajadora, ciudad de los grandes esfuerzos que llega a contrastar con la sangre derramada de gente inocente, sangre que muchas veces genera dolor, miedo y otras, pasión y fortaleza...como la esparcida por la venda del jugador mexicano y prócer del partido, que se levantó, sin importar lo previamente sucedido, luchó, a pesar del accidente, de la caída.

El héroe. Julio Gómez inició su osadía al minuto 3 ...así comenzaba y se repetía este eterno ciclo de la vida que por muy evidente que parezca inicia y termina -y de qué forma terminaría-, cerca del tiempo de "compensación". Julio, iniciaba su viaje al inframundo, con el corazón en las manos y volvió de éste como una verdadera momia para liquidar a los neonazis, con el rostro ensangrentado, con la valentía de los escogidos, volando y además, sosteniéndose en el aire, como un verdadero ángel-exterminador.

Los goles inolvidables. El Zurdo Jorge Espericueta, al minuto 30 del segundo tiempo marcó un gol mitológico, soberbio, de antología, un gol olímpico, como si hubiese sido tocado por los mismos dioses del Olimpo. Un tiro preciso, la comba exacta, un gol que se ve pocas veces, contados deben ser los de esta sutileza. Desde el momento del cobro, durante su trayectoria y al momento que el balón besó la red, pensé: fue olímpico.

Y qué decir del gol de Julio en una tarde de julio, bien pudo rematar de cabeza o de bolea, pero no, tenía que hacerlo de una forma contundente, mágica, inverosímil...sí, una chilena que seguramente fue fotografiada por miles y miles, desde su propio lente humano...contactó el esférico y éste se fue a colocar donde ni un solo alemán, por más que instaurara un nuevo muro, la pudiera sacar; entonces acarició el poste y como si tuviera voz dijo: griten, cabrones, estamos en la final.

Ambos goles quedarán ahí, como aquellos goles del partido ajeno entre Argentina vs Inglaterra del mundial del 86. Uno, el de la mano de dios y el otro, en el que Maradona dejó sembrados a más de 11 ingleses. Pero ahora es nuestro propio equipo, en nuestra propia historia. Al pasar los años recordaremos la chilena y el olímpico y sí, en un mismo partido y sí, en un mundial y sí, del TRI.

El guionista. Efectivamente fue como un partido filmado previamente, con héroes como actores, con un buen inicio, un nervioso clímax y un histórico final. Victoria, derrota, derrota aún más pronunciada y al último, el empate (de qué manera) y el gran triunfo (de qué manera nuevamente); el guión no lo pudo hacer un ser humano ni el mejor escritor siquiera. El texto lo escribió una mano divina, la única que puede modificar esto a su forma, sí, fue Dios ...y sí, a él sí le gusta el futbol...así que todos los antipamboleros, ¡se chingan! 

Y el próximo domingo, si ganan la final qué bien, pero si no, con la hazaña y enseñanza de ayer, basta...no por ahora, si no para toda la historia.



Comentarios

Anónimo dijo…
Nadie, creo yo, pudo haberlo dicho mejor. Felicidades! Excelente nota.JCH

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