Minuto final

Domingo (cul)-futbol-(ero). Octavos de final del mundial Sudáfrica 2010. Colonia Bosques de las Lomas. El arquitecto Antonio Kilt ofrece a sus socios de la compañía ver el partido en su nueva sala tipo cine que recién estrena.
La selección mexicana tiene la posibilidad de avanzar al tan anhelado y sorpresivo quinto juego. Andrés lleva la esférica pegada al botín izquierdo. Rebasa media cancha. Se lleva fácilmente por velocidad al zaguero albiceleste. En total son cinco los socios que ocupan las relucientes butacas que los hacen sentir mejor que como si estuvieran en África. Se viene el contraataque del equipo mexicano. En el área, a la altura de la media luna, viene cerrando, con un defensa a la marca, Giovanni Dos Santos. Sus esposas, señoras no mayores a los 35 años, toman té en el jardín que tiene vista hacia los rascacielos de Santa Fe. Andrés manda el centro elevado. El portero aguarda bajo los tres palos, expectante. El dueño de la casa y dos de sus compañeros son los únicos que tienen hijas. Una niña cada quien: Mariela, Romina y Siré, de 13, 14 y 7 años, respectivamente. Sobra decir que a ninguna le interesa el futbol, se entretienen cantando y bailando en el video-karaoke que se encuentra en el sótano de la residencia. Giovanni conecta de bolea a la altura del manchón penal y…
¡Ahora sí ya se los cargó la chingada, cabrones!
¡Goooooooool!
¡A ver, hijos de puta!
¡Golaaaazooo!
¡De rodillas, pendejo!
¡Goool…
¡Todos al suelo, hijos de la chingada!
…de Giovaaanniiiii!
¡A ver, las manos atrás, las manos atrás, hijo de tu puta madre!
¡Goooool de México, golaaazo!
Buendía, llévate al Cubas y al Gordito y chínguenle porallá. Güicho, no se haga pendejo viendo esa madre, váyase con el Mugsi… ¡y moviendo el culo!
¡Minuto 85, señoras y señores, México está a cinco minutos de avanzar a los cuartos de final! El cuadro argentino se ve desesperado. ¡Uyyy, qué patada!, ¡eso es de roja!
¡Órele, Güicho, apúrese! Si vio que ya ganaron, qué espera. No ve quel Padilla nos varregañar.
No me chingues, pinche Mugsi, no ves que estoes histórico. Mira namás que golazo se mamó el Gio. ¡Ven cabrón, ve la repetición! Tanto tiempo esperando esto.
El arbitro correctamente expulsa a Messi. ¡Esa entrada fue a-r-t-e-r-a!
A ver, par de pendejos, les dije que fueran revisando la parte de allá.
Ya vamos, Padilla. Se lo dije, pinche Güicho, se lo dije.
Faltan menos de cinco minutos para que finalice el encuentro. Cinco minutos para poder soñar. Cinco minutos para la gloria, para hacer historia. Miren, cabrones, mientras coperen, no les vaa pasar nada. ¡Chino!, dile a ese pinche nalgón que si no sestá quieto, le vas a dar un pinche tiro en la cabeza. Tú, pinche Toriz, tú ya sabes qué hacer. Simón, Padilla. Esto es fácil pinches burgueses de mierda, nomás no se nos pongan de culeritos. Celulares, dinero, tarjetas, todo lo van poniendo en el suelo. ¿Quién es el que vive aquí? ¡Respondan, hijos de la chingada! Quién es el dueño. Bien, bien, tú te vienes conmigo. Dime, dónde está todo. No te hagas pendejo: ¡el dinero, cabrón! ¡Cálmate, cálmate!, pinche Toriz, no se te vaya a pasar la mano.

Señoras sentadas alrededor de una mesa de cristal, con cuatro tasitas de té y mirando el anochecer. Tres malandrines-asaltantes, a sus espaldas.
Mira, Buendía, ¡qué mamazotas! Cállate, güey, ahorita van a sentirla de a verdá. Mira nomás las ubres que tiene la de rojito. ¡A ver, jijas de la fregada!, sino quieren sentir mi pistola entre sus piernas, se van a poner flojitas. ¡Escucharon o no, pendejas! ¡Sin gritar, cabronas! Y tú, ¡Cubas!, te estoy hablando, cabrón, sin quitarles la ropa, ¡eh! Pero, ¿por qué? Esto es rápido y el Padilla así lo quiere y te me callas, cabrón… y tú igual, pinche vieja. No mames, Buendía, sin golpes. Mira, Gordito, aquí se hace lo que yo digo. ¡Ni madres, lo que diga el Padilla. Pues si yo me quiero coger a una de éstas, me la cojo, ¡y ya! ¡Ta'madre, Buendía!, tú nunca entiendes. ¡Qué discuten, pendejos! Nadita, Padilla, el Gordito que nunca entiende las reglas. ¡No m-a-m-e-n!, miren nada más qué flaca tan sabrosa. Verdá que sí, Padilla, eso era lo que le decía al Buendía, pero ya sabes cómo es de puto. A ver, a ver, a esas tres se las bajan con el resto y ahorita suben por las cosas, creo que nos vamos a tardar un poquito más, ¡ah! y obviamente a ella me la dejan aquí, tú también pinche Cubas, pa'bajo, cabrón. No chingues, Padilla, tú siempre eres el ganón, aunque sea déjame ver su cosita, o ya de perdida sus tetitas. ¡A la chingada, bájate!

El sótano. Güicho y el Mugsi, 43 y 19 años, tienen a su total disposición a tres tiernas e inocentes niñas. Estruendoso fondo musical: Madonna.
Ni se han dado cuenta que estamos aquí. No, pues no. Mira nada más cómo se mueve esa niñita. Simón, ¡requetebién! Debe ser hija de la doña de rojo, no ves que también está bien buena. Ven, vamos a llegarles. A ver chamacas cabronas. ¡Cállate escuincle, así no se les habla! …Miren niñas, a sus papás son a los que nos vamos a chingar, austedes nos les vaa pasar nada, no, no, no, no llores muñequita, no te espantes, ¿quieres ir con mamá? Aver, Mugsi, llévate a la niña pa'rriba. Tú también, niña, vete con ellos. ¡No!, usted no, princesita, usted se queda conmigo. Oiga, Güicho, no se tarde, no ve quel Padilla se vaencabronar. Ta'bien Mugsi, no te p-r-e-o-c-u-p-e-s, que nosotros na'más vamos a divertirnos tantito.

Reunidos en la sala, incrédulos del futbol y del sexo: asaltantes, víctimas, niñas, mamás, socios, Padilla y la postransmisión del partido histórico de la selección mexicana. Ausentes y entrelazados en el sótano, Romina y Güicho.
La gente comienza a juntarse en el Ángel. Los jugadores están saliendo de los vestidores para tomar el autobús que los llevará al hotel de concentración. A ver, ¿yastamos todos? Agüevo, Padilla, ya podemos irnos. ¡Simón! Gordito, ¿ya amarraste bien a esas pendejas? Ya. Ok, ok, vámonos. En un momento más nos enlazaremos con Juan Cuevas para poder escuchar las impresiones de los héroes. No podemos irnos. ¿Qué? ¿Qué dices?, ¡pinche Mugsi! Ajá, no podemos irnos sin el Güicho. ¿Y dónde está ese pinche viejo cochino? Pus, abajo con una chamaca. Mientras, veamos nuevamente la repetición del gol de Giovanni, el gol con el cual estamos en la siguiente fase. Me encantan tus pechitos, me gusta la forma de tu carita cuando te paso mi lengua. A mí también me agradan mucho sus manos, señor, y la forma en que me dice usted palabras al oído; no creí que el tamaño de su miembro… y eso que me embarra dentro de mi boca. Estamos afuera del hotel de concentración de la selección, el camión que transporta a los jugadores, va llegando. Sabes que cada que te atravieso, y como estás bien flaquita, pareciera que te rompo en dos. No le voy a negar que, al principio, cuando comencé a sangrar, sentí mucho miedo, pero ahora, ya me siento mejor, como en el cielo. El primero que baja es Javier Aguirre, como pueden ver hay muchos mexicanos detrás de mí: ¡México, México, México! Están tocando la puerta, princesita. No abra, primero dígame que me va a llevar con usted. ¡Abra, pinche viejo cochino, jajaja! ¡Ya ni la chinga, Güicho, su suegra yastá bien encanijada, jajaja! Dígame que nos vamos a ir juntos. Ya hemos pasado a cuartos de final y ahora, a enfrentarnos con los gringos. Cuau, ¿qué opinas de nuestro próximo rival? Es nuestro momento… Creo que no hay que subestimarlos, aunque en los últimos años nos hayan tomado la medida... es momento de vengarse, no quiero seguir viviendo con mis papás. …ahora sí les vamos a zapatear la cara… Lo que tú quieras, mi princesita. Como ustedes lo pudieron escuchar, Blanco acaba de demostrar que estamos preparados… ¡Güicho, con una chingada! …preparados más que nunca, hemos dado el paso, el paso del “Gigante de CONCACAF”, comenzará un nuevo camino en tierras africanas, el futbol será un triunfo nacional, la ola y el chiquitibum convivirán con la raza negra en un solo grito.
 ¡BOOOOOOOM!
…Disculpen las fallas de origen, estamos tratando de enlazarnos nuevamente; no sabemos qué paso, pero se escuchó un sonido estremecedor, Juan, ¿nos escuchas? Juan, ¿puedes escucharnos? …Sí, Javier, esto es lamentable, es algo inesperado, Javier, no puedo contener las lágrimas, Javier, el autobús de la selección acaba de estallar, parece que se trata de un atentado, es una locura… ¡Puta madre! Córtale, córtale. No sé cómo describirlo. Vámonos del aire… ¡Piche Güicho! ¡Córtale!

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